Carta a "LA PEOR DE TODAS"
Leí en la internet en http://lapeordetodas.com.ar
Respondí via "comments" y después mandé por email lo siguiente:
Te cuento algo extrañisimo que me pasó hace 15 años: hacia casi 2 que trabajaba como comunicadora social en Canal 2 de Villa Gesell. Queriendo mejorar en todo lo posible, me inscribí en el curso de literatura o cosa parecida de una amiga escritora (Bonnie Favelis) que nos pidió que escribiésemos un tema libre. Me inspiré en las viejas historias que leía en el colegio de monjas cuando hacía retiros espirituales (no soy mas católica), tomé de un libro de Historia (comun, de secundario) los nombres de los Obispos, Iglesia en que ella era monja, y escribí una carta - ficticia- de Sor Juana Inés de la Cruz a su primo, desde su lecho de muerte.
Pasó el tiempo y se publicó (en Argentina) el libro que después originó la película argentino-española titulada "Yo la peor de todas".
Primero vi el filme y despues recibí de regalo el libro. Cual no seria mi sorpresa al descubrir que la historia que escribí era verdadera!!! Realmente había un primo, ella murió de cólera y etc, etc...Continúa sin explicación en mi cabeza, porque tenía 7 años cuando leí la historia y te juro que no la recordaba. Sí recuerdo, las historias de Daniel y los leones, o de Santa Teresa, pero de la peor de todas, no solo no recordaba nada, como que esos detalles sutiles no le pueden ser llamativos a una criatura. Hasta donde llega mi imaginación, que consigo inventar una historia que ni sabía que era de ese tenor? Sospechosamente, escribí los títulos eclesiásticos todos en miniatura, como si mi antiguo feminismo rabioso, me hiciera querer humillarlos aunque fuera en el papel. Hoy por hoy, respeto a los hombres santos de todas las religiones con la misma vehemencia que rechazo a los hombres malos de cualquier credo, y por eso corregí mi falta de respeto transcribiendo en el PC el cuento, con las mayúsculas correspondientes, dándoles la credibilidad que supuestamente la investidura les concede.
Ya investigué todas las religiones que te imagines, y en todas encontré muchos erores, pero siempre hubo y habrá hombres en cada una, que creyendo ciegamente en su dogma, hicieron grandes cosas espirituales que repercuten en todos nosotros, lease Gandhi, Martin Luther King, Srila Prabhupada, San Francisco, Lutero, Mahoma, Krishnamurti, Jesus, etc., y yo tomé de cada uno de ellos lo mejor de lo que tenian, para tratar de no ser la peor de todas, a pesar de muchas veces sentirme como tal.
Así, por ejemplo, Gandhi que era jainista, me ensenó a respetar las hormigas, las arañas y los animales mas despreciados en general. Martin Luther King me dejó dos postes fundamentales: "Aunque el mundo acabe mañana, no dejaré de plantar mi manzano" que me sostiene hasta hoy en todos mis ataques de nervios, y tambien me dejó la certeza de que el color de piel o las ideas de una persona no lo desmerecen a mis ojos. Srila Prabhupada me enseñó a actuar independientemente de lo que la mayoria cree lógico, siguiendo lo que mi naturaleza me indica, a entender que mi cuerpo es el templo de mi alma, y que infaliblemente lo que hago errado lo pago, mas tarde o mas temprano. San Francisco me dió la idea de que no soy dueña de nada, por tanto no puedo tener ambiciones como no sean para utilizarlas para una gran causa, y por supuesto acrecentó mi respeto por la vida animal y el perdon a quienes me rodean porque yo no soy ni santa ni angel. Y así cada uno, me aportó lo que todo mezclado dió en lo que soy (ya no intento investigar lo qué, porque lo que importa no es mi ego, sino lo que de él salga)
Bueno, haciendola corta transcribo el cuento...
Posdata: después de pasar al computador el cuento, lloré amargamente por entender porqué lo escribí . Tantos años despúes veo lo que pasó: un pedazo de mi corazón "vió" lo que estaba entre líneas en el libro de Historia. Sin ese libro decir nada demás, en mi imaginación se creó la vida de ella como si la conociera, talvéz porque me siento tan incomprendida como Sor Juana lo fué. Soy lo que llaman de "pájaro pintado", aquellos animales que la naturaleza hizo de color diferente al resto, y que generalmente son expulsos. Vivo fuera de mi país, porque no me identifico con la tristeza del tango, las corbatas, las caras largas del subte y el no te metás.
Pero tampoco tengo nada a ver con la "alegría brasilera" que es alegre porque sí nomás. Soy hija de una salerosa española y un impertubable indio; esa mezcla molotov no está dando tan cierto.
Lo misterioso es que haya sido tan redondito mi cuento...no?
Convento de San Jerónimo a los 20 días del 3º mes del año del Señor de 1695. México, Nueva España.
A Don Juan de Guevara:
El Señor sea contigo querido primo. Cuatro años largos hace ya que la pluma no tomo, aún queriéndolo, para escribir a persona alguna ni dentro ni fuera del convento. Le escribo a Ud. desde la triste instancia de hallarse mis ojos frente a las puertas de la muerte, pues ha querido el Todopoderoso, premiar al fin mis cilicios de este lustro último, abreviando esta mi otra agonía: la del alma. Su Señoría está al corriente desde nuestros años de juventud que con igual pasión he abordado todas las metas que propúseme en mis 44 años. Fué esa pasión que impulsome a escribir al padre Don Antonio a quién creí capaz, después de haber sido recibido en las cortes mas importantes, de entender una recusación válida y fundamentadamente teológica. Era lógico de esperar que esa gran alma, misionero en las selvas brasileras y confesor de reyes, no me viese ni como mujer ni como monja, y aún en absoluto disenso escuchome en mis argumentos.
Pero quiso el Señor poner a prueba mi humildad, y en manos de nuestro Obispo de Puebla, Don Manuel Fernandez de Santa Cruz, defendió al Santo Padre Don Antonio dudando de mi fé, estudios, obras y relaciones sociales.
En ese entonces respondí al Señor Obispo con tal vehemencia sosteniendo cual estandarte al viento el derecho a estudiar y relacionarme con mis almas gemelas, que quizás sintiose la Iglesia mexicana desorientada ante mi sinceridad, ya que desde mi celda he sabido observar profundamente las reacciones humanas, seglares y religiosas.
Pero no puedo esperar que aquellos que dedican su vida a la caridad de Cristo, a suavizar el dolor o la locura, a curar las pestes o absolver a los condenados, puedan palpar de igual manera mis meditaciones.
Seguramente sabréis por otros, ya que no por mi pluma, que he sabido aceptar la llamada al orden no solo de mis hermanos y hermanas de claustro, sino también la otra y más profunda y oculta que es la de Dios a través de ellos.
Debéis saber seguramente, del grandísimo dolor con que renuncié a todo lo que las sanciones de mis superiores consideraron superfluo. A buen destino, espero, han ido las hermosísimas obras de Góngora y Calderón que quité de los estantes de mi celda, así como las joyas musicales que ojalá ejecuten Glorias, o los sextantes y telescopios que espero muestren a algun ojo humano el infinito creado.
Dediqueme estos años a orar por mi salvación y a castigarme por pecar de soberbia al no poder aceptar jamás en mi corazón que estoy equivocada.
Más me laceraba y recluía, más mis pensamientos como pájaros libres revoloteaban, recordándome hasta qué límite del conocimeinto había llegado.
En mi afán de entender los sagrados misterios, apelé a todas las sabidurias ajenas y conocidas o no, que estuviesen a mi alcance. La filosofía fué así, una trampa sempiterna; cautiva en ella me vi, y solo podía hacia el frente ir, mientras mi meta cada vez alejábase más.
Fue entonces que, a aquellas manos acostumbradas a recorrer textos o tañer el laud, obligólas mi alma a rezar mudamente en las lejías. Mezclé mis lagrimas de impotencia con los excrementos inmundos del cólera, y al no poder arrepentirme, vióme el Creador en tal estado de dolor que al fin ha venido a buscarme.
Nadie como Vos, Don Juan de Guevara, que aceptásteis ayudarme a hablar literiaramente del amor sin habernos amado más de lo que cualquier primo con pureza y castidad ama su prima; nadie mejor que Vos puede entenderme en esta mi postrera, mi última confesión que no puedo dar a mi confesor sin desobedecer la penitencia que me han impuesto.
Dudo ya de mandaros esta carta; miedo tengo que despúes de muerta, caiga en manos de la incomprensión.
Las fuerzas me abandonan; el virus que me destruye lentamente quiere robar de mi mano la pluma. Quiera Dios que estas líneas lleguen a vuestras manos, y recordadme como la que ha sido como ha sido, sin doblez alguno.
Vuestra en el Señor.
Sor Juana Inés de la Cruz
3 comentarios:
Muy loco!!!
Viajé que la verdadera estaba escribiendo...
Ariel
Directamente "Jaume": Te agradez-
co que me hagas pasar el tiempo
de una manera tan fluída leyéndo-
te. Eres una persona profunda
de las que ya no quedan, o al me-
nos no te encuentras a menudo. Es
una suerte el poder comunicarme
contigo. Sobre la mezcla que tie-
nes, permíteme comentarte que es
una muy buena mezcla que se refle-
ja en tu bella imagen.
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